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martes, 1 de febrero de 2011

Birmania para siempre


Después de haber estado más de tres semanas recorriendo este maravilloso país estamos apenados de irnos ya que jamás hubiéramos podido pensar que un país gobernado por tiranos podría haber gente que a pesar de ello jamás les desaparece la sonrisa de su rostro. Es digno de admiración que a pesar de vivir en las condiciones que viven sin apenas infraestructuras, teniendo que pagar elevadísimas tasas de impuestos que provocan que casi no tengan ni para comer, aún teniendo millones de factores que provocan que la gran mayoría de la población birmana haya de vivir casi por debajo del umbral de la pobreza, siguen siendo un pueblo que, reiteramos, jamás pierde la sonrisa ni la hospitalidad.


Después de haber escuchado varias opiniones sobre la situación social y económica del país creemos que las diferentes organizaciones mundiales que tanto poder y peso ejercen en la coyuntura económica mundial actual deberían pasarse por aquí aunque sólo fuese un par de días simplemente con eso verían como este pueblo no merece todo lo que le está pasando.


Los fines de este blog para nada son sobre opiniones políticas sin embargo creemos que es de nuestra obligación informar sobre la situación que se está viviendo en la que unos cuantos tiranos están haciendo una fortuna incalculable y todos los otros sufren las consecuencias de ello.


Birmania es un país que guardaremos un recuerdo inolvidable en nuestro interior y que nos ha dado una enorme lección sobre lo que es no tener casi nada y aún así saber compartir esa pequeña parte de la tarta y siempre sonriendo.

Gracias pueblo birmano! Nunca os olvidaremos!

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Kyaiktiyo (Roca Dorada)

Ya al medio día quedamos con una pareja de españoles que viven en la condal para ir a la Roca Dorada con la intención de empezar a subir por la tarde y llegar ya de noche para evitar pagar las doce dólares que van directamente al bolsillo del gobierno y obviamente nuestro bolsillo también nos lo agredece y mucho.

Así fue, quedamos con nuestros nuevos compis de caminata, Antonio y Jenia sobre la una de la tarde. Debíamos coger un pick-up dirección Kin Pun. Los pick-up en Birmania funcionan de la siguiente manera, el conductor y otro hombre que esta en la parte posterior cobrando los billetes y gritando a grito pelado el destino, le dijimos nuestro destino y no sabemos si es que no lo entendió o quiso ganar unos kyats de más pero de repente el vehículo paró en medio del camino y nos dijo que nos bajáramos en medio de una carretera donde no había nada. Nos bajamos y nos quedamos en medio de la nada, eso sí, después de una tensa discusión, recuperamos gran parte de lo que habíamos pagado. Otro Pick-up de nuevo a Bago y esta vez gracias a Ton-Ton, una muy buena persona, nos ayudó a coger el pick-up correcto y al precio justo. Después de varias horas de viaje sentando en un tablón de madera y picoteando diferente comida que nos iban invitando las divertidas mujeres locales llegamos a Kin Pun. Nos inchamos a galletas para coger fuerzas para la peregrinación y a las once de la noche linterna en mano empezamos a caminar.
 El camino empezó a pronunciarse y empezamos a subir escaleras y escaleras con una hermosa sintonía de ronquidos por las diferentes pueblos/cabaña que atravesábamos. Cinco horas caminando bajo un cielo completamente estrellado y visualizamos una gigantesca roca dorada que según se dice dicha roca no se cae ya que se haya un pelo de buda entre la roca y la estupa que está encima.


Fue increíble ver como miles de fieles hacen el peregrinaje hasta la roca y una vez ahí se sientan enfrente de ella a meditar.

Pasamos el control dónde todos los extranjeros han de abonar seis dólares para acceder a la roca. A esas horas no había nadie más que los más fieles y claro cuatro zumbaos que se habían acercado a la roca para evitar el pago de la entrada. Estuvimos un buen rato delante de la majestuosa estupa y empezamos el camino de vuelta antes de que se instalaran los guardias en el punto de cobro de tickets. Empezamos a bajar y a ver a los primeros peregrinos. Vimos a un monje que iba dando golpes a una campana y por cada toque de campana que hacía daba un paso, así que imaginaros el ritmo paulatino que llevaba y suponemos que cada paso y toque de campana significaba una oración.


Empezamos a bajar y en uno de los desfiladeros vimos una preciosa salida de sol. Descansamos un rato contemplando el bello paisaje y reanudamos la ruta.


El cansancio empezó a apoderarse y cada paso hacia abajo se hacía un mundo. Habíamos estado toda la noche caminando y el sol ya empezaba a apretar y nuestras fuerzas a flojear. Al fin llegamos de nuevo al hostel dónde habíamos dejado las bolsas.
Cogimos el primer autobús y llegamos a Yangon a media tarde. Comimos algo y caímos completamente rendidos.
Pasamos la mañana ultimando las últimas compras en el enorme mercado de Bogyoke Aung San, comimos en nuestro restaurante indio favorito en el que puedes repetir cuantas veces te vengan en gana.
Un bus y un pick up y en el aeropuerto destino Kuala Lumpur.

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Bago

Ya al día siguiente cogimos un pick up que nos llevó a la intersección dónde pasan los buses dirección Yangon-Bago, en nuestro caso nos dirigíamos a Bago. Trece horas de bus y a las tres de la madrugada ya estábamos ahí. Desayunamos en el típico bar-cafetería birmano, fue muy interesante ver como cocinaban a primera hora todos los platos típicos como las semosas, las porras y derivados que ya no sabemos ni como se llaman, sólo podemos decir que están muy sabrosos. pasamos varias horas esperando a ver a los monjes. Pasamos varias horas en dicha cafetería ( por nombrarla de alguna manera), niños de unos diez años levantandos para trabajar a las tres de la mañana, da bastante pena ver como se quedan dormidos por cualquier esquina pero la verdad es que no vimos en ningún momento que se les tratara mal, suponemos que son cuestiones culturales, que todos los hombres trabajan desde muy pequeños y muchos de ellos cuando ya son adultos no se les ve trabajando con la misma intensidad ni mucho menos...

las famosas "porras" 

Tal y como nos recomendó Miguel nuestro único propósito de visita en Bago era ver como los monjes recolectaban comida al amanecer, fue interesante ver la larga hilera de monjes rodeando las calles de la ciudad.


Dejamos caer las horas de sol y sobre las tres de la tarde salimos a pasear por la ciudad y ver demás algún que otro buda gigante reclinado y más pagodas. La verdad es que después de haber visto pagodas increíbles, budas majestuosos y demás ya no teníamos muchas más ganas de visita culturales. Vimos los principales monumentos de la ciudad y ya de vuelta al hostel un hombre con una sonrisa de lado a lado nos invitó a sentarnos en el típico lugar con sillitas y mesas de miniatura.
Nos sirvió una especialidad india que estaba muy buena, estaban impresionados con la cámara de fotos y sobretodo cuando veían las fotos en las que ellos salían.

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Lago Inle

Al día siguiente quedamos con Renée, Miguel y Natalia, una chica argentina que conocimos en el trekking. Alquilamos unas bicis que por primera vez tenían cambio de marcha y empezamos a recorrer la zona por un camino algo bacheado.
Paramos en un monasterio y vimos a los monjes haciendo la colada, descansamos un rato y reanudamos la marcha. Llegamos a un pueblo repleto de casas construidas sobre estructuras de madera. Cruzamos un puente que estaban reparándolo y cruzar por él resultaba una tarea un tanto complicada.


Nos montamos en unas canoas que utilizaban los pies para remar y estuvimos recorriendo el poblado entre canales llenos de jardines flotantes.


Cada vez que pasábamos por delante de alguna casa de nuevo todo eran sonrisas y saludos de la gente. Luego comimos en un restaurante y cogimos de nuevo las bicis. Recorrimos los amplios campos de conreo que aunque resulte increíble aún utilizan la mula para labrar los campos.


Ya de vuelta paramos en uno de los lujosos resorts que hay por la zona. Nos enseñaron las habitaciones más lujosas, si alguien busca un lugar romántico de viaje de novios este es uno de ellos sin duda alguna y su precio no es para nada desorbitado.
Subimos hasta lo alto de una colina para ver la puesta de sol. Miguel, Natalia y Renée probaron una cata de vinos que al parecer al cual más raro.

Conocimos a un chico que su primo tenía un bote así que nos juntamos unos cuantos y al día siguiente alquilamos la barca para todo el día por el módico precio de dos euros por persona...


La estampa del lago repleto de pescadores remando con el pie y utilizando una especie de saco para pescar fue realmente preciosa.

Luego fuimos a un mercado de la zona y comimos la comida típica del lago, una especie de arroz envuelta en una hoja que hacia de plato. Su aspecto era muy diferente a su sabor, os lo aseguramos.


Nos montamos de nuevo en bote y fuimos a ver una fábrica dónde utilizaban como materia prima para hacer bufandas, chales, etc una planta llamada "lotus". Inexplicable la depurada técnica que utilizaban para tejer.



Acto seguido vimos una fábrica de una especie de puros típicos de Myanmar. Tenían un sabor dulce muy agradable, nos fumamos unos puritos y nos dirigimos hacia los jardines flotantes y un monasterio conocido por sus gatos saltarines. Algo mucho más turístico que otra cosa pero bueno tuvo su gracia.


Vimos una bonita puesta de sol desde en medio del lago y ya de noche regresamos para el hostel. Cenamos una picante sopa de fideos y a descansar.

Dedicamos el día siguiente simplemente a descansar un poco ya que llevábamos más de un mes sin parar y nuestro cuerpo no estaba pidiendo algo de descanso. Nos despedimos de nuestros buenos amigos Anja, Nops y Miguel. Algo apenadillos,tampoco mucho eh!jeje, dimos unas vuelta por el mercado y pasamos el resto de la tarde en la terraza del hostal.

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Trekking de Kalaw al Lago Inle

Después de varias horas en un bus que iba hasta los tope y donde las rodillas chocaban contra el asiento delantero llegamos a Kalaw donde nos reunimos de nuevo con Miguel.
Organizamos la caminata de tres días con destino Lago Inle y nos fuimos pronto a descansar pues al día siguiente nos esperaban varias horas de ruta.

Se unieron nuevos compañeros de ruta, un hombre de Turquía (guía de turistas españoles en su país), Renée un hombre divertidísimo e interesante que su trabajo le permitía pasar la gran mayoría del tiempo viajando y aquí viene el personaje más estrambótico y raro que os podáis imaginar, Eric un americano de Seattle de cincuenta y tantos años que estaba como una auténtica regadera. Sólo para que os hagáis una idea el tipo llevaba siempre consigo un vídeo cámara y filmaba cosas tales como a un perro durante más de diez minutos, filmaba a un cerdo. Se filmaba a él mismo explicando sus aventuras. Por mucho que expliquemos más anécdotas no os podéis ni hacer una pequeña idea de lo colgao que estaba este hombre, todo el mundo huía de él, era bastante asqueroso también (pedos incluso en las comidas, mocos y demás).

Al grano, empezamos a caminar todo el grupo. Al poco rato Rambo (así se llamaba el guía) nos sugirió que descansáramos, aunque no estábamos en absoluto cansados pero bueno tumbarnos en una pradera con bonitas vistas no eran tan mala idea. 


Caminamos un rato más y paramos a comer, nos inchamos a chapatis con salsa de calabaza, una delicia. Por la tarde fuimos a visitar un poblado donde hacía una especie de escobas para luego ser vendidas en el mercado local de Kalaw.


Vimos grandes extensiones de campos de plantaciones de té verde. Caminamos un trecho por la vía del tren hasta llegar a casa de un chamán que curaba a la la gente de los diferentes poblados.
Probamos las diferentes medicinas naturalistas incluida una extraña bola contra la malaria y unas sustancias algo extrañas. 



Seguimos el camino y acabamos la jornada caminando bajo una gigantesca luna que iluminaba todo el camino.

Dormimos en un poblado que no había electricidad. Así que aunque parezca increíble en muchos poblados birmanos aún se hace uso de las velas. Cenamos bajo la luz de las velas una cena estupenda y dormimos encima de unos tablones con tropecientas mantas encima pues la casa de madera estaba repleta de agujeros que pasaban corrientes heladas de aire.


Nos levantamos reconstruyendo nuestras espaldas ya que el duro suelo de madera pasó factura. La primera imagen del día fue ver a Eric el autista mirando el lavabo con una mirada perdida que recordaba a la de un maniáco que a una persona digamos normal. Así que entre risas y más risas con el resto del grupo emprendimos ruta rumbo a un monasterio dónde íbamos a pasar la noche. 


Caminamos unos veinte kilómetros entre senderos muy planos y para nada dificultosos, así que nos dedicamos a caminar plácidamente sonriendo a los diferentes lugareños de las aldeas que íbamos cruzando. El ritmo de caminar del grupo en general era bastante bueno quien no tenía tan buen ritmo era el guía que aunque parezca algo paradójico lo teníamos que esperar todo el rato (más risas). Rambo fue un guía muy correcto que nos ayudó en todo momento pero la verdad amigo Rambo esperábamos más de ti, algo más de explicaciones interesantes, algo más intevencionista, resultó ser muy tímido pero al fin y al cabo nos ayudó en todo lo que pudo, así que tampoco tenemos queja alguna.

Llegamos al monasterio y subimos a una colina a ver la puesta de sol mientras fumábamos una especie de cigarros/puros que fuman los locales  y se nos hizo la hora de ir a cenar.


A la mañana siguiente nos levantamos con el rezo de los monjes a las 5h, no siempre uno se despierta así, desayunamos unas bananas y pancake con miel, aunque a Rambo lo tuvimos hasta que despertar. 

Último día de ruta a pie, caminamos más rápido con ganas de poder ver ya el lago entre las montañas. Con Rambo casi fuera de combate nuestro guía pasó a ser el cocinero que aunque no sabía mucho inglés caminaba rápido y se sabía los caminos a la perfección.


Por el camino vimos la inauguración de una nueva escuela de un poblado y reanudamos la marcha. Avistamos el Lago Inle desde lo alto de la colina y descendimos rápidamente hasta el embarcadero. Comimos la última comida que estaba incluida en el trekking y nos montamos en el bote destino Nyaungshwe, dónde estaban los alojamientos más económicos. 

Evitamos tener que pagar la tasa de 5$ que pone el gobierno para todos los turistas que entran en el lago, nos costó bastante pues Rambo nos apretó pero la tropa unida jamás será vencida y le convencimos que se montara en el barco y que si la teníamos que pagar ya la pagaríamos en el hostel como hicimos en Bagan, pero no fue así y nos lo ahorramos. 
Durante el trayecto en barco no paraban de sobre volar la embarcación un montón de gaviotas enormes y claro lo que suele pasar que una se cagó encima de la cabeza de Miguel (que suerte tiene el tío!). 


Vimos un montón de casas suspendidas en el aire encima de grandes pilotes sobre el agua y muchos pescadores en sus barcas. 

Al llegar nos pusimos a buscar alojamiento y Eric nos empezó a seguir como si de una película de terror se tratara, vaya risas, el tipo con una maleta de ruedas totalmente destartalada, que se le acabó rompiendo, intentándonos seguir y aunque lo consiguió, le quedó bastante claro que su compañía no era muy grata, pero fue divertido conocerlo.

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domingo, 30 de enero de 2011

Bagan

Después de tres horitas de bus y dos más de ferry llegamos a Bagan. Nos bajamos del barco y cogimos un taxi que era un carro de caballos.
Encontramos alojamiento y antes de entrar en la habitación nos dijeron que habíamos de pagar una tasa de 10 dólares por persona. Nos negamos en rotundo. Nos dijeron que el estado obligaba a todos los extranjeros a pagarla y que sino no podíamos hospedarnos en ninguna guest house. Muy a regañadientes pagamos sabiendo que los 20 pavos iban directamente a las arcas del estado de haberlo sabido os lo aseguramos que nos lo habríamos pensado mucho de venir a esta ciudad.

Quedamos a primera hora hora con Nops y Anja para recorrer todas las pagodas de la zona. A lomos de unas bicicletas un tanto destartaladas empezamos a ver templos y más templos. Miraras donde mirases se veían templos de todo tipo y de diferentes tonalidades. Nos encontramos a un local que tenía su carruaje a caballo y nos sugirió que fuésemos a un templo dónde se observaba una panorámica de old-Bagan. Después de encallarnos varias veces en la arena de los caminos que conducían al templo llegamos hasta lo más alto y las vistas eran increíbles. Ante nosotros se alzaban más de cuatro mil .


Comimos curry y verduras y nos dirigimos hacia los templos más importantes. Gigantescas stupas de color grisáceo en las que se alzaban unas puntas doradas relucientes.
Se nos unieron a la ruta dos locales muy divertidos. Escalamos hasta lo más alto de las diferentes stupas. Veíamos stupas hasta donde nuestra vista alcanzaba.


Decidimos ir en búsqueda de una stupa más alta dónde observar el atardecer. Nos chicos nos sugirieron una que era increíble, estábamos absolutamente solos pero justo delante había una gigantesca stupa de color blanco donde pensamos que realmente veríamos mejor la puesta de sol. Así que no nos lo pensamos y fuimos para ahí. Claro el mejor lugar para ver la puesta suele estar frecuentado por millones y millones de autobuses de turistas. Hasta la fecha nos habíamos cruzado con muy pocos.


Ver como caía el sol entre centenares de templos fue algo inolvidable.

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Monywa


Cogimos un pick-up cargado entero de sacos, pero resultó ser más cómodo que incomodo ya que aprovechamos y nos sentamos encima y jugamos varias partidas a las cartas. Llegamos de nuevo a Mandalay, habíamos quedado con Miguel para ir juntos a Monywa.  Así que ya todo el equipo reunido otra vez y tras despedirnos de nuevo de nuestro amigo Mr. Joe, que para que os hagáis una idea de lo que os decimos de la gente de aquí, se equivocó al darnos su dirección de e-mail y vino a toda prisa en su hasta rickshaw la estación de autobús para darnos la dirección correcta, simplemente os explicamos esto  para que os hagáis una idea del carácter de la gente. Cogimos el bus para Monywa con la intención de visitar unas cuevas al día siguiente.

Así fue llegamos llegamos a media tarde nos informamos de como ir a las cuevas de Hpo Win Daung, cenamos y nos fuimos a dormir.


Al día siguiente cogimos un ferry solos, ya que no sabemos porque no podíamos ir en el mismo que los locales. Nos montamos en un pick up que nos llevó hasta las cuevas. Más de 900 cuevas con millones de budas esculpidos directamente en la pared. Resultó muy interesante como muchos budas esculpidos en la propia pared estaba en muy buen estado.


Volvimos de nuevo a Monywa, pero por el camino para aprovechar el pick up paramos por el camino en una aldea, donde una familia nos invitó a estar con todos ellos, había muchos niños, y nos pedían que les hiciésemos fotos porque se lo pasaban en grande mirándose luego.


Ya en la ciudad tomamos myanmar-te en una terraza dentro de un monasterio lleno de locales y cogimos un pick up para ir a una colina dónde se hayaba el segundo buda más alto del mundo.


Quisimos subir hasta arriba de todo pero no nos dejaron entrar ya que cerraban a las cinco ( no creáis que no lo intentamos de todas las maneras...). Una preciosa puesta de sol para finalizar un completo día.


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Hsipaw

Llegamos a la estación de bus y no podíamos creer como íbamos a coger en ese bus totalmente lleno de paquetes y sacos de vete tu a saber que. De hecho más de la mitad del bus llevaba carga y los pocos asientos que quedaban eran para pasajeros.
Durante el trayecto vimos zonas rurales donde el medio de transporte más utilizado aún era el caballo  y había bueyes que tiraban de carros para el conreo.


Llegamos a Hsipaw sobre las tres de la tarde. Nos hospedamos en una guest house que nos había recomendado Thura. El lugar en si estaba algo deteriorado. No había ducha, si querías asearte habías de avisar a la dueña para que hirviera agua caliente y a cazos.
Sin embargo, la mujer era muy agradable y nos facilitó varios mapas hechos a mano para recorrer la zona. Además sabíamos que no estábamos enriqueciendo de manera directa las arcas del estado.
Sabemos que de manera indirecta el estado siempre acaba recaudando algo pero por suerte  la mayoría de viajeros que visitan el país intentan evitar al máximo usar los diferentes transportes estatales y también sus hoteles.
Comimos de nuevo en un indio y fuimos a tomar café a la cafetería del pueblo acompañados por una especie de porras deliciosas.
Conocimos a un chico de Madrid, Miguel, que estaba viajando también por aquí, hablamos un buen rato con él y fuimos a tomar unas cervezas todos juntos.

Durante la noche cayó una tormenta espectacular. El ruido de la lluvia era tal que nos levantamos a las cinco de la madrugada a observar como caían litros y litros de agua. Me entraron muchas ganar de ir al lavabo que por desgracia estaba en el patio de fuera que no era cubierto. Salí corriendo y me pegué un guarrazo de campeonato así que ya ves a Esther curándome heridas a las cinco de la mañana, vaya nochecita.

Nos levantamos temprano y quedamos todos para ir a ver las diferentes aldeas, plantaciones de té y demás que salían en el mapa.
Desayunamos semosas y porras junto con un sabroso té. Mapa en mano empezamos a caminar. En cosa de media hora el escenario era completamente diferente. Extensos campos de cultivo rodeados de pequeñas aldeas. El búfalo aún es el animal de carga y transporte.


Pasamos por un cementerio musulmán y acto seguido no sabíamos bien que camino coger así que nos guiamos por unos niños/monje que iban camino de un monasterio según estaba señalizado en nuestro plano.
Acto seguido encontramos la primera aldea dónde utilizaban la energía hidráulica para producir electricidad. No imaginábamos que aún hubiera lugares en que obtuvieran la electricidad de tal manera.


Durante todo el trayecto todo el mundo que se cruzaba en nuestro camino nos sonreía y saludaba como si hubiesen visto a muy pocos turistas a lo largo de su vida.


Caminamos y caminamos hasta las plantaciones de te y ahí comimos unas galletas, descansamos un poco sobre una piedra en lo alto dónde podíamos observar todo el valle y volver a emprender la vuelta.
Ya llegando a una aldea empezó a caer un chaparrón de mucho cuidado. Buscamos refugio y vimos como unas niñas bailaban una especie de danza tradicional. Un hombre nos dijo que subiéramos a una especie de terraza dónde nos resguardamos de la lluvia. Nos invitó a te y  una especie de puros que son muy típicos aquí.


 Muy agradecidos y acabada la lluvia nos fuimos en búsqueda de unas aguas termales que aparecían en el mapa pero no estábamos muy seguros de encontrarlas. Cruzamos un río y ahí estaban. Resultó fantástico acabar la jornada, después de varias horas de caminata, en aguas termales jugando con los locales y relajándonos un rato.


Al llegar de nuevo al pueblo nos pegamos una buena comilona, tomamos té y nos fuimos  a dormir pronto ya que al día siguiente queríamos ver el mercado a las 5h de la mañana.
 Resultó precioso ver todo un mercado iluminado con velas ya que la electricidad en muchos lugares del país está muy limitada.
Básicamente el mercado era de vegetales y pescado que la gente que vive en las zonas más rurales baja a la pueblo a venderlo.


Desayunamos té y porras recién hechas y luego fuimos a ver lo que ellos llaman el "floating bridge". Constaba de unas plataformas gigantes que se balanceaban cuando los camiones cruzaban el puente, que tenían que hacerlo de uno en uno por supuesto.

Junto con Nops y Anja decidimos coger el tren para regresar de nuevo a Mandalay con destino Monywa.
La experiencia del tren fue muy interesante. Ver como aún utilizan el mismo tren que hace cien años incluyendo la velocidad supersónica de 20 kilómetros por hora.


Los vagones se balanceaban de lado a lado y en las zonas más estrechas habíamos de pasar casi parados ya que sino chocábamos contra las paredes. El recorrido entre Hsipaw y Pyin U Lwin es famoso por el paso del desfiladero de Gokteik.



Fue espectacular sacar la cabeza por la ventana y ver como estábamos cruzando por un acantilado de unos cien metros. La verdad que sacar la cabeza por la ventana de un tren o autobús no es buena idea en este país pues os podéis comer un buen escupitajo con tabaco rojo de mascar incluido, os lo digo por experiencia!jeje.


Después de unas cuantas partidas al cuatro en raya y tras engullir varios bananas llegamos a  que era Pyin U Lwin solo una ciudad de paso pero a pesar de ello cenamos en un restaurante hindú buenísimo.


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Alrededores de Mandalay (Sagaing, Mingun y Amarapura)


De camino en el autobús hacia Mandalay coincidimos en una área de servicio con una pareja de austriacos muy simpáticos estuvimos hablando un rato con ellos, nos deseamos buen viaje y por casualidad nos los encontramos de nuevo en el hostel. Nos comentaron que habían conocido a un hombre que había sido monje pero después de la revolución de los monjes de 2007 dejó el budismo desde el punto de vista de monje y ahora se dedicaba a enseñar budismo, inglés y valores a niños que viven en un monasterio. Thura, así se llamaba el ex-monje que se ofreció a enseñarles toda la ciudad  evitando tener que pagar por entrar a los diferentes puntos de interés. Y la pareja de austríacos, Norber y Anja nos ofrecieron visitar la ciudad con Thura. Aceptamos sin dudarlo. De buena mañana cogimos un pick up público y nos dirigimos a Sagain y Thura nos llevó a un monasterio para ver como los monjes tomaban su almuerzo. Fue increíble ver el silencio que se respiraba y el orden con el que esperaban recibir su comida. 


Normalmente los monjes salen a la calle sobre las 5 de la mañana para recolectar su almuerzo y la gente les da diferentes alimentos. En esta ocasión una familia adinerada de Mandalay había pagado todo el almuerzo para el monasterio budista. Vimos la cocina dónde cada día se cocinaba toda la comida para los monjes.


Posteriormente nos ofrecieron desayunar en el monasterio, el almuerzo consistía a base de arroz, judías, espinacas con cacahuetes y de postre unos deliciosos dulces, vaya todo un desayuno de campeones que nos pegamos. 



Una vez desayunados y agradecidos a la familia que nos invitó a ese delicioso almuerzo subimos a lo alto de la colina de Sagaing dónde vimos unas estupendas vistas repletas de pagodas doradas por todas partes.



 Nos reunimos de nuevo con Thura y fuimos a Mingun dónde vimos la segunda campana más grande del mundo, un templo de mármol espectacular y un templo construido a base de ladrillos. 








Durante el trayecto Thura nos explicó la situación actual del país y el motivo, por decirlo de alguna manera, por el cual en 2007 el gobierno militar mató a 35 monjes. Éstos simplemente estaban pidiendo al gobierno que bajasen el precio del crudo ya que esta subida estaba provocando el encarecimiento de todos los alimentos básicos y toda la población birmana no iba a poder pagar dichos precios y el país entraría en una crisis terrible. Se reivindicaron simplemente rezando y al parecer esto no sentó bien al gobierno militar y acabó disparando contra ellos. 
Los países con más peso en el continente asiático (India y China) al parecer no les importa mucho la situación en la que se encuentran los birmanos lo único que realmente les preocupa es poder seguir explotando todos los recursos naturales del país (oro, plata, madera de teca entre muchos otros) y como el gobierno sigue enriqueciendo sus arcas pues a ellos ya les va bien. 


Bueno sigamos hablando de nuestro fantástico día con nuestros amigos austríacos y Thura. Después de visitar Mingún fuimos a un poblado para ver como viven las familias, que son  muy numerosas en general. Fue increíble ver lo poco que necesita estas familias para estar todo el rato sonriendo y encantados de vernos interesados por su manera de vivir. Thura es un hombre que está muy acostumbrado a estar en contacto con viajeros que quieren recorrer los alrededores de Mandalay y gracias a él pudimos ver la manera real en la que vive la población más de cerca, a Esther le pintaron la cara con thanaka . Y nos permitió ver de nuevo la enorme generosidad y hospitalidad del pueblo birmano, son una gente encantadora y con muchísimas ganas de saber cosas sobre nosotros.



Fuimos a ver el atardecer a Amarapura dónde se haya el puente de teca más largo del mundo, disfrutamos una increíble puesta de sol. 




Nos despedimos de Thura enormemente agradecidos. Nos subimos, juntos con la pareja austríaca, en el techo del pick up en dirección al hostel y a comer algo. Repetimos de nuevo el restaurante indio que estaba de nuevo exquisito. 


Compramos los billetes de autobús para Hsipaw. Nos tomamos una Myanmar beer con nuestros amigos austríacos y nos fuimos a dormir que al día siguiente madrugón para coger el bus.

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