martes, 1 de febrero de 2011

Lago Inle

Al día siguiente quedamos con Renée, Miguel y Natalia, una chica argentina que conocimos en el trekking. Alquilamos unas bicis que por primera vez tenían cambio de marcha y empezamos a recorrer la zona por un camino algo bacheado.
Paramos en un monasterio y vimos a los monjes haciendo la colada, descansamos un rato y reanudamos la marcha. Llegamos a un pueblo repleto de casas construidas sobre estructuras de madera. Cruzamos un puente que estaban reparándolo y cruzar por él resultaba una tarea un tanto complicada.


Nos montamos en unas canoas que utilizaban los pies para remar y estuvimos recorriendo el poblado entre canales llenos de jardines flotantes.


Cada vez que pasábamos por delante de alguna casa de nuevo todo eran sonrisas y saludos de la gente. Luego comimos en un restaurante y cogimos de nuevo las bicis. Recorrimos los amplios campos de conreo que aunque resulte increíble aún utilizan la mula para labrar los campos.


Ya de vuelta paramos en uno de los lujosos resorts que hay por la zona. Nos enseñaron las habitaciones más lujosas, si alguien busca un lugar romántico de viaje de novios este es uno de ellos sin duda alguna y su precio no es para nada desorbitado.
Subimos hasta lo alto de una colina para ver la puesta de sol. Miguel, Natalia y Renée probaron una cata de vinos que al parecer al cual más raro.

Conocimos a un chico que su primo tenía un bote así que nos juntamos unos cuantos y al día siguiente alquilamos la barca para todo el día por el módico precio de dos euros por persona...


La estampa del lago repleto de pescadores remando con el pie y utilizando una especie de saco para pescar fue realmente preciosa.

Luego fuimos a un mercado de la zona y comimos la comida típica del lago, una especie de arroz envuelta en una hoja que hacia de plato. Su aspecto era muy diferente a su sabor, os lo aseguramos.


Nos montamos de nuevo en bote y fuimos a ver una fábrica dónde utilizaban como materia prima para hacer bufandas, chales, etc una planta llamada "lotus". Inexplicable la depurada técnica que utilizaban para tejer.



Acto seguido vimos una fábrica de una especie de puros típicos de Myanmar. Tenían un sabor dulce muy agradable, nos fumamos unos puritos y nos dirigimos hacia los jardines flotantes y un monasterio conocido por sus gatos saltarines. Algo mucho más turístico que otra cosa pero bueno tuvo su gracia.


Vimos una bonita puesta de sol desde en medio del lago y ya de noche regresamos para el hostel. Cenamos una picante sopa de fideos y a descansar.

Dedicamos el día siguiente simplemente a descansar un poco ya que llevábamos más de un mes sin parar y nuestro cuerpo no estaba pidiendo algo de descanso. Nos despedimos de nuestros buenos amigos Anja, Nops y Miguel. Algo apenadillos,tampoco mucho eh!jeje, dimos unas vuelta por el mercado y pasamos el resto de la tarde en la terraza del hostal.

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